La edición digital infantil y juvenil en África, el mundo árabe e India

08/05/2015 / Octavio Kulesz

Este artículo se realizó en coedición con Takam Tikou, la revista electrónica del libro y la lectura infantil y juvenil en África, el mundo árabe, el Caribe y el Océano Índico (publicación del Centro Nacional de la Literatura Infantil – la Joie par les livres, servicio del Departamento de Literatura y Arte de la Biblioteca Nacional de Francia).

En la última década, la tecnología digital ha sacudido los cimientos de la industria del libro. La edición infantil, en particular, ha recibido un impacto considerable: el creciente uso de tabletas, teléfonos, e-readers y toda clase de dispositivos por parte de niños y adolescentes, así como la explosión de las aplicaciones móviles y otras herramientas interactivas han configurado un nuevo escenario para este sector. Por cierto, en EEUU, del total de los libros infantiles vendidos, 21% se encuentra en formato digital.

Ahora bien, ¿cuál es la situación de los países en desarrollo? ¿Cuáles son las oportunidades, desafíos y tendencias que caracterizan a estas regiones, en términos de edición electrónica? ¿Qué actores conforman la escena local del libro digital infantil y juvenil?

Lo analógico como desafío, lo digital como oportunidad

Para empezar, debemos advertir que, en los países del Sur, la edición tradicional enfrenta desde hace décadas un buen número de desafíos. En primer lugar, la impresión y el papel suelen resultar demasiado caros, en particular en el segmento de libros infantiles, que precisa de varios colores de tinta y cartulinas especiales. Por otro lado, la distribución física también puede convertirse en una tarea compleja y onerosa. En parte como resultado de estos elementos, en muchas regiones el entramado de bibliotecas suele ser endeble y mal abastecido.

En este contexto, lo digital se revelaría a priori como una oportunidad única. Efectivamente, en las modalidades electrónicas el costo de materiales físicos como el papel se suprime, al tiempo que la distribución puede tornarse más eficiente. Joanna El Mir, responsable de ediciones infantiles en Samir Editeur (Líbano), pondera estas ventajas:

“Al igual que muchos otros editores, considero que lo digital podría aportar una solución al problema de la distribución y de la disponibilidad del libro en el mundo árabe, por fuera de las fronteras nacionales. Lo digital podría también contribuir al marketing del libro – un área que hoy resulta demasiado costosa, en especial si un editor libanés intenta hallar lectores a nivel regional.”

Precisamente, la tecnología digital permitiría llegar a nuevos mercados internacionales, por ejemplo a los lectores de la diáspora. En muchos casos, se trata de padres que perciben que la mayoría de las opciones culturales disponibles están en inglés, y valoran positivamente los libros infantiles que están en su propia lengua.

Múltiples obstáculos

Con todo, a pesar de su gran potencial, la edición digital en las naciones del Sur no está exenta de escollos. En primer lugar, es innegable que la conexión a Internet puede resultar deficiente, lo cual necesariamente desalienta el consumo de contenidos electrónicos. Asimismo, las masas no suelen poseer tabletas ni e-readers, debido al elevado costo de estos dispositivos.

Por cierto, existen numerosas iniciativas de reducción de la brecha digital, llevadas adelante por el sector público. Sin embargo, la entrega de dispositivos a menudo no ha hecho sino resaltar otro problema: una acuciante falta de contenidos digitales. Al respecto, Marie Michèle Razafintsalama, directora del sello Prediff (Magadascar), ofrece un ejemplo bien concreto:

“Desde el último trimestre de 2014, el ministerio de Educación de Madagascar ha entregado miles de tabletas, pero nadie sabe exactamente qué llevan dentro”.

Dada esta falta de contenidos, una opción para los usuarios locales sería adquirir e-books importados. No obstante, estos materiales pueden resultar difíciles de conseguir para el consumidor local, tanto por motivos de precios –un e-book comercializado a 9,99 dólares puede ser accesible para un lector de EEUU, pero no necesariamente para una familia de un país pobre– como por restricciones relacionadas con los medios de pago y con la escasa utilización de tarjetas de crédito internacionales. Por otra parte, los compradores pueden chocar con limitaciones vinculadas con los derechos territoriales de los e-books: por ejemplo, los lectores franceses establecidos fuera de Francia enfrentan dificultades cuando intentan comprar libros digitales distribuidos por plataformas de ese país. Por cierto, este problema ha suscitado todo un debate a nivel legislativo.

Ahora bien, ¿qué ocurre con los contenidos editados localmente? ¿Qué limitaciones existen en estas regiones a la hora de producir y distribuir libros digitales infantiles? En muchos casos, las editoriales del Sur carecen de versiones electrónicas de sus propios libros y no siempre disponen del know-how necesario para fabricar e-books. Por otro lado, crear una publicación interactiva de cierta complejidad puede demandar una inversión que está fuera del alcance de un sello independiente. Este inconveniente se agrava por el hecho de que la tecnología disponible no siempre está adaptada al contexto y a la lengua nativos.

Por último, si bien el mercado potencial es muy vasto, el público comprador puede resultar, en los hechos, bastante exiguo: al respecto, algunos editores consultados resaltan el problema de la piratería y otros, la falta de lectores. Y en cuanto a los mercados internacionales, a decir verdad no resulta sencillo para los sellos independientes conseguir una buena distribución global, ni en digital ni en papel. Nadia Essalmi, directora de Yomad –el primer sello marroquí que se ha especializado en libros infantiles–, ofrece una explicación contundente:

“Salvo algunas pocas excepciones, los editores marroquíes no tienen presencia en Amazon, tienda que aglutina un porcentaje altísimo de las ventas de libros físicos y electrónicos a nivel mundial. Para empezar, esta compañía no realiza entregas físicas en el mundo árabe. Además, los vendedores están obligados a operar con una cuenta bancaria en Europa.”

Del papel al e-book: eppur si muove!

Los obstáculos a la hora de aprovechar las ventajas de lo digital son –es cierto–, considerables, pero ello no ha disuadido del todo a los editores locales, que implementan toda clase de innovaciones para superar las dificultades. Por ejemplo, el sello infantil Kalimat (Sharjah) –fundado en 2007 por Sheikha Bodour Al Qasimi y mundialmente reconocido por sus obras tanto impresas como digitales– ha emprendido la construcción de su propio software para la edición de libros interactivos. Esta herramienta ha permitido a Kalimat superar varias de las limitaciones que presentan los formatos estándares como el EPUB cuando se trata de crear e-books educativos y literarios en lengua árabe.

Creado en Dakar en 2008, Nouvelles Editions Numériques Africaines (NENA) ha publicado más de 125 obras de autores africanos, en diferentes materias. En abril de 2014, NENA presentó su proyecto Librería Digital Africana (LNA, por sus siglas en francés), que comercializa actualmente más de 350 títulos digitales publicados en coedición con una veintena de editores de la región. Por el momento, la oferta de libros infantiles de LNA es limitada, pero según Marc-André Ledoux –su fundador–, el futuro del sector se revela muy prometedor:

“Nuestra oferta digital para niños se reduce por ahora a 2 o 3 títulos. Pero puedo asegurar que mi hija de 8 años aprecia muchísimo las historias que le cuento con mi e-reader antes de dormir. El gran desafío actual es convencer a los editores africanos de que se pasen a digital. Existe un potencial de varios miles de títulos creados por autores y editores africanos. Imaginemos el día en que todos estos títulos estén reunidos en un mismo lugar: los lectores del mundo entero interesados en temas africanos podrían darse cita allí y toda la literatura africana resultaría destacada, en vez de perderse en la oferta pletórica de los Amazon o iBookStore.”

También existen proyectos no comerciales que aprovechan la tecnología de un modo original. Liderado por 3 editores sudafricanos, BookDash organiza “maratones de escritura” que convocan a decenas de voluntarios –escritores, fotógrafos, ilustradores y otros artistas– para crear libros infantiles de altísima calidad visual. Las obras se ofrecen en PDF para descarga gratuita y son, por decirlo así, de código abierto, ya que BookDash libera los archivos originales –de maquetación y de imagen–, para que cualquiera pueda leerlos e incluso readaptarlos e imprimirlos por su cuenta. Arthur Attwell, fundador de la iniciativa, subraya la importancia de distribuir libros gratuitos y financiarse a través del crowdfunding, en especial teniendo en cuenta las desigualdades de ingreso que caracterizan a su país:

“En Sudáfrica, las soluciones comerciales no han alcanzado el éxito esperado: si los clientes son sólo unos pocos early-adopters, entonces nunca habrá un mercado significativo. Para la mayoría de los sudafricanos, los libros son un lujo al que jamás podrán acceder”.

 

Primera página de A House for Mouse (Michele Fry, Amy Uzzell y Jennifer Jacobs), BookDash

 

En una dirección similar, la editorial sin fines de lucro Pratham books, basada en Bangalore, publica libros infantiles en papel y en digital, en diversas lenguas de la India y con licencias abiertas: esta modalidad le ha permitido llegar a un público de más de 52 millones de lectores. Sus libros electrónicos se consiguen gratuitamente en Scribd y otras plataformas en línea. Algunos títulos como Too Much Noise pueden leerse con audio en simultáneo y proporcionan materiales multimedia complementarios.

 

Portada de la versión hindi del e-book Too Much Noise (Noni), Pratham Books

 

La visualización y creación de e-books en línea –generalmente con opción para la lectura del texto en voz alta– constituye de hecho una tendencia especialmente recurrente. Aquí podríamos referir 4 plataformas –3 indias y una sudafricana– que ofrecen este servicio sumamente utilizado por editoriales y escritores:

Apps y contenidos para dispositivos móviles: una galaxia en expansión

Además de incursionar en la fabricación de e-books, algunos editores de libros infantiles han realizado exploraciones en el mundo de las apps –en un momento en el que los teléfonos celulares constituyen un boom sin precedentes. La editorial jordana Al Salwa, especializada desde 1996 en libros infantiles ilustrados, exhibe dos casos interesantes: Adventure on the Farm y Anything. Tal como explica Salwa Shakhshir, responsable del sello, la publicación de estas aplicaciones les ha brindado una lección fundamental:

“Ingresamos al mundo digital con vivo entusiasmo. Estuvimos entre los primeras editoriales del mundo árabe en publicar aplicaciones que combinaban historias, juegos y canciones. Sin embargo, la comercialización de estos 2 materiales no fue sencilla y nos dimos cuenta de que el retorno sobre la inversión no era el que nos esperábamos. Así, a fin de reducir costos, decidimos recurrir a aplicaciones y tiendas ya existentes y posicionarnos como proveedores de contenidos infantiles en árabe: ahora simplemente les enviamos nuestro material y no debemos preocuparnos de otra cosa que de cobrar por las ventas mensuales. Esta ha demostrado ser la opción más redituable.”

 

Ícono de la aplicación Adventure on the Farm (Al Salwa)

 

Por cierto, ¿quiénes desarrollan estas tiendas/aplicaciones para contenidos móviles a las que progresivamente recurren los editores? Se trata de innumerables start-ups nativos que, gracias a su capacidad de innovación y en especial a su condición de intermediarios con las grandes plataformas como Apple, Google y Amazon, ocupan una porción creciente del mercado para niños y adolescentes.

Dentro de este grupo sobresalen numerosos emprendimientos del mundo árabe. La aplicación Lamsa (Arabia Saudita) permite descargar libros infantiles; desde su lanzamiento en 2013, las publicaciones distribuidas por Lamsa han sido consultadas más de 7.5 millones de veces. Por su lado, la aplicación gratuita Horoofi Al Arabiya [Mis letras árabes], concebida por el start-up jordano Media Plus en asociación con BeeLabs, superó las 500.000 descargas. Fundado en 2008, también en Jordania, Masmoo3 constituye el primer emprendimiento especializado en audiolibros digitales pensados para el público árabe; ya ha producido más de 140 cuentos para niños.

África también presenta casos destacados. Desde sus oficinas en Ghana y Kenya, la empresa de videojuegos LetiArts lleva adelante su colección de comics digitales “Leyendas africanas”, pensada para teléfonos teléfonos celulares. Por su parte, la empresa keniata AfroKidz creó en 2014 la aplicación Safari Tales, que reúne cuentos de toda la región, adaptados a formato interactivo. Richard Wanjohi, responsable de marketing de la compañía, comenta:

 “Hemos recopilado y digitalizado cuentos de diversas comunidades africanas –se trata de hecho de narrativas que nunca habían sido publicadas en formato libro. Por ejemplo, canciones de cuna, trabalenguas y canciones. Los dispositivos móviles permitirán a todo el mundo acceder a este conocimiento, mientras que los libros se imprimirán cada vez menos.”

Además de los proyectos llevados adelante por editoriales comerciales y start-ups, existen en el Sur numerosas iniciativas sin fines de lucro que aprovechan la acelerada expansión de los teléfonos móviles para ofrecer contenidos gratuitos. Presentamos aquí dos ejemplos tomados de Sudáfrica. FunDza distribuye textos desde su propia red móvil y desde la red social MXIT; cuenta con más de 300.000 lectores mensuales. A su vez, con el objetivo de promover la lectura entre los niños, la organización Nal’ibali –expresión que en idioma isixhosa significa “el cuento es así”– presentó en 2014 su propia aplicación, también pensada para MXIT: en apenas unos meses superó los 120.000 suscriptores.

 

Versión inglesa del cuento The rain bird, visualizada en la aplicación de Nal’ibali

 

Una mirada hacia el futuro

La edición digital infantil y juvenil en los países del Sur conforma un escenario muy diverso, en el cual los distintos actores abordan las nuevas tecnologías de un modo propio. En el caso de los editores “tradicionales”, el acento está puesto en explorar lo digital, pero sin perjudicar las ventas impresas. Para los proyectos sin fines de lucro, se trata de utilizar la potencia de las tecnologías –principalmente los teléfonos móviles– para llegar a las masas, de un modo eficaz y económico. Finalmente, los start-ups sacan provecho de las herramientas interactivas y de la escala propia de la web, para distribuir nuevos tipos de contenidos.

Si bien existen grandes diferencias entre las regiones –e incluso al interior de cada región–, la tendencia general parece apuntar hacia una creciente digitalización. En efecto, a pesar de las limitaciones en infraestructura, las prácticas de los lectores y de los autores ya están mutando, en particular por el impacto de los teléfonos móviles. El sector público, por su lado, invierte en dispositivos, principalmente en el sector de la educación, lo que repercute directamente en los hábitos de los jóvenes. Así, están dadas las condiciones para un progreso acelerado de la edición digital infantil y juvenil, aunque bajo formas que no reproducirán necesariamente el camino transitado por la industria estadounidense o europea.

Los editores locales podrán ser protagonistas de esta gran transición, en la medida en que logren establecer intercambios con el vigoroso mundo de los start-ups y con los originales proyectos llevados adelante por instituciones sin fines de lucro. De este rico ecosistema podría emerger la futura industria del libro digital infantil y juvenil del Sur.

Octavio Kulesz

El autor

Octavio Kulesz es un editor digital y filósofo argentino. En 2007, fundó Teseo, una de las primeras editoriales electrónicas de América Latina. Es además el autor del informe “La edición digital en los países en desarrollo” (auspiciado en 2011 por la Fundación Prince Claus y la Alianza Internacional de Editores Independientes), así como experto de Unesco en la Convención 2005.

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