La edición digital en la era móvil: África (1/3)

08/12/2016 / Octavio Kulesz

En esta nueva serie, examinamos el panorama de la edición digital en el continente africano. A los fines del análisis, hemos prestado atención no sólo a las publicaciones electrónicas desarrolladas por las editoriales, sino también a los proyectos impulsados por organizaciones sin fines de lucro y por el sector público, en un contexto caracterizado por serias dificultades de infraestructura. En una línea similar a lo que señalábamos respecto de América Latina, hay que advertir que en África son pocos los actores domésticos mencionados en el informe de 2011 que han logrado sobrevivir hasta hoy. En la categoría de las tiendas en línea, por ejemplo, sólo se ha mantenido en pie la sudafricana Exclus1ves. Ahora bien, muchas de las tendencias referidas hace cinco años no sólo han perdurado, sino que se han intensificado de manera acelerada. Nos referimos en particular a la explosión de los teléfonos móviles como plataforma privilegiada para el comercio en línea, para la interacción social y para la lectura digital, a la influencia de las incubadoras de start-ups en la escena local y al impacto creciente de los proyectos de cooperación tecnológica promovidos –directa o indirectamente– por los gigantes globales de Internet. Todos estos factores resultan decisivos para comprender la singular configuración del ecosistema africano de la edición digital.

En esta primera parte, analizamos el rol crucial que desempeñan los teléfonos móviles en el comercio electrónico de la región, así como el avance de las grandes plataformas globales como Facebook en la vida digital africana.

Los teléfonos celulares en el centro de la escena: su impacto en el comercio electrónico

En el último lustro, la telefonía móvil ha transformado profundamente el panorama de las comunicaciones en África. Según un reporte de GSMA de julio de 2016, el continente alberga actualmente a 565 millones de usuarios de teléfonos celulares, de los cuales más de la mitad –303 millones– cuentan con conexión a Internet. En un contexto caracterizado por limitaciones de infraestructura de toda clase, estos dispositivos relativamente económicos y flexibles se han convertido en una plataforma clave para la economía digital. Si tomamos como variable el tráfico de Internet que circula por dispositivos móviles medido como porcentaje del tráfico total nacional, Nigeria y Sudáfrica lideran el ranking mundial, con 82% y 75%, respectivamente –lo que indica que, en estos países, el acceso a Internet se realiza predominantemente por vía móvil.

En el terreno del comercio electrónico, los grandes actores globales aún no han realizado un desembarco masivo en el continente. Esto puede explicarse en parte por los problemas de infraestructura que mencionábamos anteriormente: en efecto, los obstáculos en términos de transporte, telecomunicaciones, bancarización y alfabetización han retrasado la consolidación del e-commerce al estilo europeo o norteamericano. Sin embargo, el acelerado crecimiento económico de la región –que muchos equiparan con el progreso de los países asiáticos en los años 60– ha favorecido el surgimiento de un buen número de actores locales y, con ellos, la formación de un singular ecosistema.

Fundado en Lagos en 2012 con fondos de la incubadora alemana Rocket Internet, el portal Jumia ha logrado convertirse en un verdadero gigante de Internet, con presencia en más de 10 países de África. Vale la pena subrayar que más del 50% de los usuarios de Jumia acceden a la plataforma desde dispositivos móviles. Según explica Tunde Kehinde –co-fundador y director de la compañía hasta 2014–, en el entorno digital, las barreras del mundo físico pueden aprovecharse como ventajas:

“En Nigeria viven 160 millones de personas que siempre necesitarán comprar una remera para alguna ocasión, un teléfono para contactarse con un amigo o un libro para leer, pero no existe un mercado organizado en donde puedan conseguir lo que precisan, de manera sencilla y al precio que quieren. De modo que nos dijimos: ‘no construyamos un centro comercial; lancémonos en la web’ (…). Estamos construyendo un Amazon en un país que no ha tenido un mercado organizado en sus 50 años de independencia. Es una oportunidad única.”

 

Sitio web del grupo Jumia, líder panafricano del comercio electrónico

Si bien Jumia representa tal vez el caso más llamativo, hay que reconocer que en África han surgido innumerables portales que apuestan a lo digital como medio para superar las limitaciones propias del comercio analógico. Entre ellos podemos referir la también nigeriana Konga, las sudafricanas Bidorbuy y Takealot o la keniata Rupu. A fin de dar respuesta a los desafíos logísticos, muchas de estas plataformas han implementado sistemas de envío de productos con motocicletas e incluso han tercerizado la logística en redes de usuarios externos –se trata del crowd-shipping o transporte colaborativo.

El medio de pago más utilizado suele ser el pago en efectivo contra entrega, debido a la baja penetración de tarjetas de crédito y a la falta de confianza en las operaciones en línea. Sin embargo, el segmento de los pagos móviles ha ganado un peso considerable en años recientes. Además de M-Pesa –servicio pionero en la transferencia de fondos por SMS, que en Kenia es utilizado por 7 de cada 10 adultos–, en la región han proliferado las soluciones como Afrimarket, Paga, eTranzact y otros sistemas que atraen a millones de usuarios. Poco a poco, estos servicios incorporan la posibilidad de realizar pagos a nivel no sólo nacional, sino también internacional: Orange Money –que cuenta con 19 millones de abonados– ya permite enviar dinero entre algunos países africanos e incluso entre esos países y Francia.

Así, parece claro que el comercio electrónico africano, lejos de seguir exactamente el esquema de los países desarrollados, presenta una configuración propia. Rania Belkahia –directora de Afrimarket– lo explica sin rodeos:

“Los modelos calcados sobre lo que se lleva adelante en otras partes del mundo no funcionan. [En África] hay que lograr que la oferta se adapte a las necesidades locales y pueda entregarse de forma rápida.”

Sacha Poignonnec, actual director de Jumia, expresa un punto de vista similar:

“En EEUU, el comercio electrónico está modificando los antiguos hábitos de compra lentamente. Aquí, está creando los hábitos. Los usuarios están realizando compras por primera vez y lo hacen en línea, a través de los teléfonos inteligentes.”

A fin de cuentas, a pesar de –o, quizás, a causa de– todos los desafíos preexistentes, el comercio electrónico africano ha logrado abrirse camino de un modo sumamente dinámico. Según datos de eMarketer de diciembre de 2015, las ventas en línea tuvieron en África y Medio Oriente un alza interanual superior al 28%, mientras que en Norteamérica y Europa occidental, el aumento fue menor –en torno al 14%.

Aplicaciones de mensajería móvil

La región también evidencia un crecimiento en el terreno de las redes sociales. Según datos de We Are Social, en varios países de la región, el número de usuarios activos se expandió en 2015 a un ritmo superior al del total de usuarios de Internet. En Egipto, por ejemplo, la cantidad de participantes de las redes sociales saltó 20%, al tiempo que la base de usuarios de Internet creció más lentamente –un 8%.

Ahora bien, dado el particular contexto tecnológico de África, son las aplicaciones de mensajería para dispositivos móviles aquellas que revisten mayor actividad. En el informe de 2011, retratamos el caso de Mxit, un proyecto sudafricano que utilizaba los teléfonos celulares más básicos como plataforma de funcionamiento y que había alcanzado una base de varios millones de usuarios. El advenimiento de smartphones cada vez más accesibles y el subsiguiente ingreso de Whatsapp en la región infligió un duro golpe a Mxit, que en octubre de 2015 debió cerrar sus operaciones comerciales y ceder su tecnología a Reach Trust –una entidad sin fines de lucro. Por cierto, Whatsapp es actualmente la aplicación de mensajería número uno en Nigeria, Kenia y Sudáfrica –donde de hecho exhibe los mayores índices de utilización del mundo. Aunque menos extendida, la aplicación WeChat –del grupo chino Tencent– también busca ocupar su espacio.

Proyectos de conectividad impulsados por empresas tecnológicas globales: el caso de Internet.org/FreeBasics (Facebook)

En contraste con lo que ocurre en Asia o en América Latina, la penetración de Facebook en África es aún limitada –apenas 8% del tráfico global de la plataforma proviene de esta región–, lo que se explica en buena medida por el elevado costo de los planes de datos. Dentro de este marco, Facebook lanzó en 2013 la iniciativa Internet.org, con el objetivo de garantizar conectividad –un “derecho humano básico”, según Mark Zuckerberg– a millones de personas en países en desarrollo. Gracias a una alianza con diferentes operadoras de celulares, Facebook ofrece acceso gratuito a la red social y a algunos servicios de terceros, a través de la aplicación FreeBasics, disponible en 44 países –la mitad de los cuales están en África. Al mismo tiempo, la empresa impulsa diversos programas de conectividad a bajo costo, como ocurre con el dron Aquila o el sistema WiFi Express.

Video promocional de FreeBasics (Facebook)
URL:
https://www.youtube.com/watch?v=LIvYUft2wJM

Si bien es claro que en todo el mundo en desarrollo la infraestructura de conectividad presenta enormes desafíos, la solución propuesta por Facebook no está exenta de complicaciones de fondo, en particular porque se trata de un proyecto que expande las posibilidades de conexión, pero no satisface plenamente otras necesidades, en especial la cuestión de los contenidos. En efecto, Internet.org/FreeBasics únicamente proporciona acceso a los materiales disponibles en Facebook y en las aplicaciones que hayan aceptado ser parte del programa. Tal como han advertido numerosas organizaciones sociales, este tipo de esquemas pueden atentar contra la neutralidad de la web, pues asignan prioridad a cierto tipo de datos y contenidos –aquellos transmitidos por la red social californiana y por sus servicios asociados. Este argumento ha sido decisivo para prohibir FreeBasics en India. En África, sin embargo, el proyecto ha tenido un mejor recibimiento, hasta tal punto que, en ciertos países, las autoridades regulatorias del área de telecomunicaciones han admitido que la provisión de servicios de datos es hoy más importante que la cuestión de la neutralidad de la web.

Más allá de las regulaciones adoptadas por cada nación, hay que advertir que a nivel global, Internet.org/FreeBasics ha suscitado un encendido debate. Muchas voces han llegado a denunciar que detrás de las medidas filantrópicas del coloso tecnológico puede esconderse un intento de “colonialismo digital”. Por ejemplo, Deepika Bahri, profesora de la universidad de Emory especializada en estudios poscoloniales, enumera las semejanzas que existen entre el discurso de Facebook y el modus operandi propio del colonialismo. Según la investigadora, en ambos casos la estrategia apunta a:

  1. presentarse como un salvador;
  2. repetir palabras como “igualdad”, “democracia”, “derechos básicos”;
  3. ocultar las motivaciones de largo plazo;
  4. justificar los beneficios parciales como algo que resulta mejor que nada;
  5. asociarse con las elites locales y con grupos de intereses creados;
  6. acusar a los críticos de ingratos.

Por su parte, el ingeniero y activista indio Kiran Jonnalagadda establece un paralelismo entre la extracción de recursos naturales y la captura de datos a escala masiva llevada adelante por parte de empresas transnacionales como Facebook:

“Desde un punto de vista económico, el colonialismo representa la extracción de recursos primarios en bruto y, simultáneamente, la venta a los consumidores sin que exista una creación de una clase capitalista entre ambos eslabones. Aquí se trata de lo mismo: buscan obtener los datos en bruto del consumidor y vender servicios. Pero no quieren intermediarios.”

Por último, Ethan Zuckerman –director del Centro de Medios Cívicos del MIT– describe de manera cruda cuál puede ser, a fin de cuentas, el objetivo de Facebook –una constatación que en verdad podría aplicarse a un buen número de proyectos tecnológicos similares:

“El proyecto de Facebook me parece colonialista y engañoso. Trata de resolver un problema que no comprende, pero no necesita comprender el problema porque ya conoce la solución. La solución contribuye eficazmente a consolidar a Facebook como la plataforma dominante del futuro, en un momento en que los mercados desarrollados están creciendo menos.”

En la próxima entrega: proyectos de libros digitales sin fines de lucro; publicaciones educativas distribuidas por agregadores y start-ups locales; agregadores generalistas y tiendas por suscripción.

Octavio Kulesz

El autor

Octavio Kulesz es un editor digital y filósofo argentino. En 2007, fundó Teseo, una de las primeras editoriales electrónicas de América Latina. Es además el autor del informe “La edición digital en los países en desarrollo” (auspiciado en 2011 por la Fundación Prince Claus y la Alianza Internacional de Editores Independientes), así como experto de Unesco en la Convención 2005.

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