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América Latina

Lectura y escritura online

Internet aloja actualmente una parte considerable de la vitalidad literaria de América Latina. La web se ha transformado en un escenario privilegiado de creación y difusión, gracias a herramientas gratuitas del estilo de WordPress, Issuu y Blogspot. Son innumerables las revistas online y los blogs literarios que, como Moleskine Literario (Perú), Ficción Breve (Venezuela), Boca de Sapo (Argentina) o CuatroCuentos (varios países) marcan un rumbo y se convierten en una de las fuentes más fecundas de la narrativa y poesía latinoamericanas actuales. Carolina Sborovsky, escritora y editora en El fin de la noche, considera que la web, con su enorme plasticidad, representa un estímulo clave para la literatura de la región:

Para la literatura latinoamericana –para todos sus actores implicados–, el pasaje a la plataforma online trae grandes ventajas en cuanto a facilidad de circulación, distribución y visibilidad. Su alcance y posibilidades viran hacia lo universal y lo que no envejece, que es de lo que se ocupa la literatura. Por otro lado, dentro de América Latina el soporte digital permite a los lectores “nativos” reencontrarse con textos en su propio registro sin tener que pasar por la valla de la publicación ibérica. Dicho simplemente: los lectores argentinos, por ejemplo, podemos leer a cualquier uruguayo o chileno que publique su obra online, ya sin tener que esperar que un sello español o casa de edición trasnacional elija para su catálogo a ese chileno o uruguayo y luego lo distribuya. Digamos que ése es un paso hacia lo específico: las modulaciones regionales, elecciones léxicas propias de una comunidad en un cierto momento (captadas y dadas a leer casi en simultáneo), sus giros y afectaciones. En ese sentido, la literatura online tiene gran potencia documental y vira, dentro del vasto mundo de lo digital, hacia el detalle y lo idiosincrático, que es, también, de lo que se ocupa la literatura.[1]

En cuanto a la producción académica, existe también una decidida tendencia a llevar a la web los contenidos desarrollados por las universidades e institutos de investigación locales.[2] Estos repositorios apuntan a satisfacer las necesidades bibliográficas de una región que no siempre puede darse el lujo de pagar suscripciones de miles de dólares para acceder a textos especializados. Si las bibliotecas académicas virtuales permiten a los investigadores y estudiantes consultar diversos materiales con Creative Commons[3] o licencias similares, muchos han decidido ir más allá y crear repositorios gratuitos de obras que están incluso bajo protección de copyright, lo cual ha suscitado acalorados debates y ha derivado incluso en procesos legales; uno de ellos ha sido el juicio contra Horacio Potel, un profesor argentino de filosofía que ya desde principios de la década de 2000 subía a la web libros de Derrida y Heidegger.[4] Luego de una encendida polémica en medios gráficos[5] y digitales,[6] la ofensiva legal, motorizada originalmente por la Cámara Argentina del Libro, cayó en punto muerto, pues el Ministerio Público Fiscal terminó sobreseyendo a Potel en noviembre de 2009. Resulta interesante observar que si bien el juicio no prosperó, tampoco hubo novedades destacables en la legislación, de modo que el escenario continúa indefinido. En cualquier caso, es evidente que en América Latina existe una tensión entre por un lado el modelo tradicional de oferta (edición basada en el copyright tradicional y en la venta de copias impresas) y por el otro una ávida demanda de contenidos digitales. Será muy difícil para los editores tradicionales frenar la ola de digitalización masiva, pues así como veremos en el caso ruso, muchas de las bibliotecas virtuales no autorizadas se encuentran en el exterior o forman parte de redes sociales cerradas. Un experto digitalizador (anónimo) declaró recientemente al diario Página/12 (Argentina):

La circulación en la red es más compleja que con las imprentas. Es incontrolable e imparable. Vos subiste un libro de Sartre y al mes está en miles de discos rígidos alrededor del planeta. (…) Se digitaliza más lo que se vende masivamente, como pasa con la música. Hubo usuarios que venían y nos decían ‘¡digitalicen El Código Da Vinci!, ¡tengo el derecho de leer a Dan Brown!’. Hasta que decidimos no aceptar pedidos en la lista; y que si era un libro de ficción, se esperaría un año para que circulara. Con eso logramos que se fueran los que te pedían hoy un libro que había salido ayer.[7]


 

Notas    
  1. Entrevista personal, febrero de 2011.
  2. Una lista detallada de las bibliotecas académicas de un campo como ciencias sociales puede hallarse aquí: http://sala.clacso.edu.ar/gsdl/cgi-bin/library.
  3. Un ejemplo es el Repositorio Digital de la Escuela Politécnica de Ecuador.
  4. Es decir, textos que aún se hallaban en dominio privado.
  5. Cf. García, Facundo: “El conocimiento no es una mercancía”, Página 12, 26 de abril de 2009.
  6. El grupo de Facebook “Contra la desaparición de Heideggeriana.com y Derrideana.com” contó con el apoyo de miles de internautas.
  7. Cf. García, Facundo: “Hay esperanza de gozar un acceso franco a la cultura”, Página/12, 23 de enero de 2011.

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