La edición digital en la era móvil: India (1/3)

14/11/2017 / Octavio Kulesz

En esta serie, analizamos la evolución de la edición digital india. En la primera entrega, estudiaremos el peso de las industria del software y del hardware en la economía, el rol protagónico desempeñado por los teléfonos móviles, el auge del comercio electrónico y el avance de los pagos digitales.

El panorama de la edición digital en India ha atravesado una profunda transformación en los últimos años. Una exploración rápida de los casos mencionados en 2011 arroja un resultado a primera vista desalentador: más de la mitad de los proyectos y sitios web indios que prometían revolucionar la industria del libro gracias a herramientas digitales han desaparecido. E-readers locales como el Pi –de Infibeam– o el Wink –de DC Media– ya no se fabrican en ninguna parte. De la lista de casos de 2011, tan solo Amazon, BookGanga, Cinnamon Teal y unos pocos más continúan activos.

Sin embargo, un examen más detenido demuestra que este proceso de destrucción ha estado acompañado por un recorrido en sentido inverso: cientos de nuevas iniciativas, mucho más potentes que sus predecesoras, han visto la luz. Estos nuevos proyectos se han desarrollado al calor de las cuatro grandes tendencias anticipadas en 2011:

  • un elevado crecimiento económico y la consolidación de una nueva clase media ávida de contenidos digitales;
  • la expansión del sector tecnológico local;
  • la multiplicación de iniciativas de distribución de textos pensados para teléfonos celulares;
  • la inversión pública destinada a cerrar la brecha digital.

En la exposición que sigue, presentamos una actualización de los casos y de las principales fuerzas que intervienen en la edición electrónica india. Para ello, no sólo hemos prestado atención a los proyectos relacionados estrictamente con e-books sino también a los procesos de largo plazo que tendrán un impacto relevante en el ecosistema digital local.

Diversidad y crecimiento

La sociedad india se caracteriza por una extraordinaria diversidad. Por empezar, de acuerdo con un censo reciente, en el país existen 780 lenguas y 66 grafías diferentes. Sobre una población total de más de 1320 millones, aproximadamente el 10% habla inglés: este mercado potencial de decenas de millones de personas resulta muy atractivo para las empresas globales que desarrollan contenidos. Al mismo tiempo, la sociedad india es predominantemente joven: 41% de los habitantes tienen menos 20 años.

Hay que señalar que al menos hasta 2015 India ha sido una de las economías con mejor desempeño a nivel global: según datos del Banco Mundial, su PBI se expandió 7,6% en aquel año –por encima de China, por ejemplo. Algunos estudios indican que la clase media india se duplicó en menos de una década, lo que ha derivado en una expansión del consumo sin precedentes.

Un polo tecnológico global

En el informe de 2011 subrayábamos la importancia de la industria tecnológica india: en años recientes, este sector no ha hecho más que consolidarse. Las industrias del software y del hardware emplean hoy a 10 millones de personas y aportan anualmente unos 150 mil millones de dólares a la economía local. En particular, la ciudad de Bangalore concentra el 40% de estas empresas y ha engendrado actores que hoy compiten globalmente –por ejemplo, Infosys, Microland o Wipro.

De este ecosistema que forma a más de 1 millón y medio de ingenieros cada año han surgido muchos de los altos ejecutivos de Silicon Valley: nos referimos a Sundar Pichai –CEO de Google–, a Satya Nadella –CEO de Microsoft– y a Vinod Khosla –co-fundador de Sun Microsystems–, entre otros. Iniciativas como aquella llevada adelante por Google en 2016 para capacitar a 2 millones de programadores en el desarrollo de aplicaciones móviles para Android no hará sino consolidar la preeminencia india en el área del software.

En septiembre de 2014, el gobierno presentó el programa Make in India, a fin de convertir al país en un centro global de diseño y producción: uno de los objetivos es lograr que la contribución del sector manufacturero pase del 15% al 25% de la economía. Así, India apunta a jugar en las primeras ligas también en el ámbito del hardware.

Logo de la iniciativa Make in India

Las autoridades locales son bien conscientes del rol clave que la tecnología india desempeñará en el futuro a nivel mundial. Por cierto, India podría transformarse en el campo de experimentación para un sinnúmero de soluciones aplicables a todas las regiones en desarrollo, tal como lo explica el ministro de aviación civil Jayant Sinha:

“Así como EEUU es el centro económico y de innovación para los mil millones de personas más ricas del planeta, India se convierte en el polo de invención para los otros 5 o 6 mil millones de habitantes.”

 

Conectividad: el teléfono móvil como dispositivo clave

A pesar de su fuerte industria tecnológica, India se encuentra rezagada frente a otras regiones del mundo en términos de conectividad. En efecto, alrededor del 64% de la población india aún no accede a Internet. Consciente de las grandes necesidades en el área de infraestructura, en julio de 2015, el gobierno indio lanzó el ambicioso plan Digital India, con el fin de mejorar la conectividad en todo el país –con especial énfasis en la reducción de brechas entre la ciudad y el campo–, empoderar a la población gracias a los medios electrónicos y aprovechar las nuevas tecnologías para conseguir mejoras en salud, participación social y seguridad en línea.

Unos meses antes, Facebook había presentado en India su proyecto Internet.org –pensado para masificar la conectividad en los países en desarrollo y ofrecer diversas aplicaciones sin costo. Sin embargo, en febrero de 2016, las autoridades locales bloquearon el servicio, alegando que ponía en peligro la neutralidad de la web. Tal como se describe en el artículo sobre la edición digital en África, Internet.org –hoy más conocida como FreeBasics– suscita aun hoy un intenso debate en todo el mundo: de hecho, Facebook ha sido acusado de fomentar un colonialismo digital y de tratar de monopolizar la web en los países del Sur.

Ahora bien, aunque en términos proporcionales resulta evidente que India tiene un serio déficit de conectividad, la cantidad total de usuarios que navegan es gigantesca. En efecto, más de 267 millones de personas cuentan con un smartphone conectado –de los cuales el 58% accede a Internet exclusivamente a través de estos dispositivos– y convierten a India en el segundo mercado móvil del mundo, después de China.

El precio de los dispositivos suele ser inferior a los 150 dólares, en un segmento dominado por empresas sudcoreanas –Samsung– y chinas –Xiaomi y Oppo, entre otras–, aunque los jugadores nativos como Micromax también luchan por su espacio. Las empresas occidentales como Apple han comenzado a aprovechar las ventajas del programa Make in India y ya ensamblan sus celulares localmente. La caída en los precios de los teléfonos móviles y el aumento del tamaño de las pantallas posiblemente expliquen la contracción del segmento de las tablets.

Vale la pena observar que si hasta hoy el inglés dominaba la web india, el auge de los celulares en las zonas rurales ha producido una expansión de los contenidos en idiomas regionales –hindi, marathi, punjabi, etc. Existe incluso un sistema operativo –el Indus– específicamente basado en estas lenguas.

El auge del comercio electrónico

En los últimos años, el e-commerce no ha hecho más que expandirse. Según datos oficiales, este sector crece en India a un ritmo anual de 51% –el más alto del mundo. Al igual que en África, los teléfonos celulares se han convertido en la principal fuerza detrás del boom del comercio electrónico. Esto explica que numerosas empresas digitales hayan optado por una estrategia centrada en vender a través de sus apps móviles.

El e-commerce indio se ha convertido en un campo de batalla en el que las empresas globales y las compañías nativas –Flipkart, Snapdeal, Infibeam, Paytm, entre otras– compiten ferozmente a fin de atraer a los clientes locales. Alibaba se ha asociado con Paytm y ha adquirido una porción de Snapdeal; Walmart y el fondo japonés Softbank han invertido sumas gigantescas en Flipkart; a la vez que Amazon lleva inyectados en India 5 mil millones de dólares desde 2013 para afianzar su propia posición. La singular advertencia de Jeff Bezos a sus empleados anuncia que en India se librará un combate implacable:

“No necesito expertos informáticos en India. Necesito cowboys”.

 

“Amazon invade India”: tapa de la revista Fortune de enero de 2016, que presenta a Jeff Bezos como Vishnu, uno de los principales dioses del hinduismo

 

Para muchos analistas, la llegada de capitales internacionales que se hacen con parte o con la totalidad de numerosas empresas digitales indias debería ser motivo de inquietud. Así lo expresa Mohandas Pai, director de Manipal Global Education:

“Existe actualmente una lucha entre Estados Unidos y China por el predominio digital. ¿Y dónde están los capitales indios? ¿Comprando casas en California? Si nos perdemos esta revolución digital, nuestras empresas estarán controladas por capitales chinos, lo cual es muy peligroso”.

Otro factor preocupante según diferentes actores es la falta de apoyo que las empresas indias reciben por parte de su gobierno. Tal como observa Bhavish Aggarwal, director de Ola:

“Los start-ups indios tienen una suerte de techo invisible. Si quiero reunirme con el primer ministro, no me resultará tan fácil como a un emprendedor extranjero que llega a India. Comprendo esa dinámica, pero tenemos que asegurarnos de que el gobierno vea nuestro gran aporte a la sociedad –algo que todavía no ocurre.”

 

Digitalización de los pagos y desmonetización

El 8 de noviembre de 2016, el gobierno indio anunció una medida drástica, destinada en teoría a luchar contra la evasión fiscal, pero que tendría enormes consecuencias en la economía india –entre otras cosas, en el ámbito de los pagos electrónicos. Aquel día, los billetes de 500 y 1000 rupias (8 y 16 dólares, respectivamente) resultaron sorpresivamente “desmonetizados”, es decir, dejaron de tener valor como moneda corriente. Los ciudadanos se veían entonces en la obligación de canjearlos por otros billetes o depositarlos en cuentas bancarias, pero en ambos casos debían probar que el origen de los fondos era lícito.

Si tenemos en cuenta que los billetes en cuestión representaban el 86% del circulante y que casi el 90% de la economía india se manejaba hasta ese momento en cash, se comprende que los impactos de la iniciativa hayan sido completamente brutales: tal como denunciaron diferentes organizaciones sociales, la desmonetización derivó en la muerte de más de 100 personas en todo el país, a la vez que produjo huelgas masivas y graves problemas de transporte. En términos económicos, la medida benefició fundamentalmente al sector financiero y a las empresas especializadas en pagos digitales –segmento que entre 2016 y 2017 creció un 55%.

En el próximo artículo: venta online de libros impresos y digitales; agregadores y e-librerías; la migración de las editoriales tradicionales; editoriales digitales; audiobooks y libros infantiles multimedia.

Octavio Kulesz

El autor

Octavio Kulesz es un editor digital y filósofo argentino. En 2007, fundó Teseo, una de las primeras editoriales electrónicas de América Latina. Es además el autor del informe “La edición digital en los países en desarrollo” (auspiciado en 2011 por la Fundación Prince Claus y la Alianza Internacional de Editores Independientes), así como experto de Unesco en la Convención 2005.

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