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La edición digital en la era móvil: África (2/3)

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La edición digital en la era móvil: África (2/3)
21 Jan 2017 Escrito por

Esta es la segunda de las 3 entregas sobre la edición digital en África (la primera puede consultarse aquí). En esta oportunidad, estudiamos los proyectos sin fines de lucro dedicados a la diseminación de libros digitales; el segmento constituido por agregadores y start-ups locales que distribuyen publicaciones educativas; así como el sector de los sitios de venta por suscripción.

Libros digitales sin fines de lucro

Más allá de los proyectos de conectividad promovidos por Facebook –o por otras empresas como Google, con su proyecto Loon–, ¿qué proyectos sin fines de lucro están siendo impulsados en África en el terreno específico de la lectura y la edición digital? También aquí podríamos mencionar iniciativas filantrópicas procedentes de actores internacionales. El ejemplo más resonante es quizás Worldreader. Fundada en 2010 por David Risher –ex ejecutivo de Microsoft y Amazon–, esta organización sin fines de lucro se plantea como misión “llevar libros digitales a cada niño y a su familia, a fin de mejorar sus vidas”. Si en sus comienzos –tal como señalábamos en el informe de 2011– esta entidad sólo se manejaba con dispositivos Kindle, en 2012 incorporó los teléfonos celulares como plataforma adicional. Su catálogo suma hoy casi 40.000 títulos escritos en 43 idiomas, que han sido proporcionados por 150 editoriales, de las cuales casi la mitad son africanas. En términos de impacto, los libros digitales de Worldreader han alcanzado a unas 4 millones de personas en 50 países, principalmente en África. Para esta tarea, la entidad se ha asociado con diferentes empresas tecnológicas, en particular con Facebook –para aparecer listada en FreeBasics–, con Microsoft –para el desarrollo de la aplicación de lectura, entre otros– y con Amazon –para la organización y el alojamiento de los datos. Vale la pena aclarar que en principio Worldreader no dona los dispositivos, sino que éstos deben ser financiados por terceros –llamados “sponsors”– o por las mismas escuelas y bibliotecas, que deben escoger entre dos tipos de paquetes:

  1. La “blue box”, que contiene 50 Kindles cargados con 100 textos (costo: 7000 dólares).
  2. O bien el “book pack”, que contiene entre 100 y 200 textos, pero sin dispositivos, ya que éstos deberían ser suministrados por cada escuela o biblioteca (costo: 4500 dólares).

Cabe observar también que Worldreader no sólo se consagra a la tarea de facilitar la lectura, sino que realiza un seguimiento exhaustivo de todos los datos involucrados. Esto puede verse por ejemplo en el informe del proyecto LEAP, llevado adelante por Worldreader y el Servicio Nacional de Bibliotecas de Kenia (KNLS), con financiamiento de la fundación Bill & Melinda Gates. El programa se planteó entre sus objetivos estudiar durante el año 2014 el uso, función y adopción de los dispositivos Kindle en el contexto de bibliotecas. El informe posterior –sumamente detallado– explica que estos aprendizajes servirán para comprender “la expansión de los programas de lectura digital en las bibliotecas de Kenia y de África Subsahariana”. Por otra parte, en agosto de 2016, en el marco de la iniciativa Kindle Reading Fund, Amazon anunció que donaría miles de Kindles para apoyar programas de lectura en el mundo en desarrollo y que colaboraría nuevamente con Worldreader para poner en marcha el proyecto LEAP 2.0 en 61 bibliotecas de Kenia.

Worldreader –que goza de una amplia cobertura en la prensa internacional– podría aumentar su presencia en el ecosistema del libro digital africano, a medida que se sumen nuevas instituciones –tanto públicas como privadas– al proyecto. Con todo, cabría preguntarse si no se está repitiendo aquí un esquema similar al de Facebook con Internet.org/FreeBasics, en particular por el hecho de que las corporaciones intervinientes extraen datos sumamente valiosos –tales como preferencias temáticas, hábitos de lectura, entre otros–, que obtienen de un modo muy sencillo y que podrían significar una ventaja decisiva cuando llegue el momento de vender contenidos digitales o dispositivos, tanto a los gobiernos como a los individuos.

Video presentación del programa Worldreader, disponible en el sitio de Amazon
URL:
https://www.amazon.com/p/feature/qd6k877uzp4s8yu

Además de las iniciativas internacionales, existen en África numerosos proyectos sin fines de lucro llevados adelante por entidades locales, y FunDza es quizás la más destacada. Creada en 2012 por el equipo de la editorial Cover2Cover, esta organización se propone estimular la lectura entre los adolescentes y los adultos jóvenes de Sudáfrica. A través de su sitio web –especialmente adaptado a las pantallas móviles– y de su aplicación para Android, FunDza ofrece un catálogo de centenares de libros digitales gratuitos –cuentos, poesías y textos de no ficción. En 2015, sus actividades beneficiaron a unos 400.000 usuarios, que en conjunto leyeron más de 10 millones de páginas. Los libros de FunDza están incluidos en los servicios de FreeBasics en Sudáfrica y en otros países del continente, como Nigeria y Ghana. Al mismo tiempo, el sitio YoZa –que presentamos en el informe de 2011 como uno de los pioneros en el terreno de la lectura móvil en África Subsahariana– cedió sus textos a la plataforma, para su posterior distribución.

Zimkhitha Mlanzeli –autora y editora de FunDza– ofrece una interesante reflexión sobre la importancia de utilizar los teléfonos celulares en el terreno de la lectura:

“Los jóvenes quieren leer sobre temas que conocen, en un lenguaje comprensible. Los cuentos que escribo les hablan directamente a ellos, que consiguen ver el mundo a través de los ojos de cada personaje. Esto lo sé por los comentarios que me envían. También ayuda mucho el hecho de que mis historias se comparten allí donde los jóvenes pasan la mayor parte del tiempo: en sus teléfonos celulares. Mi teléfono no es mi mejor amigo –no puedo mirarlo permanentemente. Pero ellos sí. Y tenemos que cerrar la brecha que nos separa.”

Otro proyecto relevante –también basado en Sudáfrica– es Book Dash, que se enfoca desde 2014 a la creación colaborativa de libros infantiles. Las obras se ofrecen con una licencia Creative Commons, tanto en PDF listo para imprimir como en formato original –InDesign–, para posibles readaptaciones. Book Dash surgió en cierta medida como resultado de las lecciones que su principal impulsor, el experto en publicaciones digitales Arthur Attwell, extrajo de la experiencia de Paperight, una plataforma que –tal como presentamos en el informe de 2011–, distribuía ebooks para imprimir en cibercafés y que debió cerrar sus puertas a fines de 2014. En su balance retrospectivo, Attwell enumera diferentes factores que pudieron haber dificultado el despegue del emprendimiento, entre los cuales podríamos destacar los siguientes:

  • las publicaciones ofrecidas gratuitamente por Paperight eran solicitadas por los usuarios de manera masiva; sin embargo, cuando la empresa intentó cobrar por ellas –incluso sumas modestas, como 1 o 2 dólares por copia–, la demanda cayó abruptamente;
  • las editoriales tradicionales que suministraban los textos originales no parecían dispuestas a explorar el nuevo modelo de negocio, de modo que sólo entregaban sus títulos menos atractivos.

Es en este contexto que para Attwell toma pleno sentido la idea de distribuir contenidos digitales con licencias abiertas, tal como propone Book Dash:

“En Sudáfrica, las soluciones comerciales no han alcanzado el éxito esperado: si los clientes son sólo unos pocos early-adopters, entonces nunca habrá un mercado significativo. Para la mayoría de los sudafricanos, los libros son un lujo al que jamás podrán acceder”.

Tapa del libro What is it?, editado por Book Dash

Por su parte, la iniciativa African Storybook –impulsada por el Instituto Sudafricano de Educación a Distancia (SAIDE)– ofrece la posibilidad de crear, traducir y adaptar libros ilustrados para un público infantil: sus más de 400 obras, que han sido traducidas a 60 lenguas del continente, pueden descargarse de manera gratuita, tanto para lectura digital como para impresión. Finalmente, Bookly y Nal’ibali también han utilizado las nuevas tecnologías –en particular desde aplicaciones de Mxit– para distribuir contenidos editoriales.

En enero de 2015, bajo el auspicio del Instituto Goethe, se dieron cita en Johannesburgo varias de las organizaciones y emprendimientos sociales antes referidos. El encuentro tomó como punto de partida el informe de UNESCO Lectura en la era móvil de 2014 y tuvo como objetivo discutir las oportunidades y los desafíos de la alfabetización y la lectura a través de los teléfonos celulares.

Publicaciones educativas distribuidas por agregadores y start-ups locales

En años recientes, ha surgido en África un número considerable de emprendimientos digitales que se enfocan a los contenidos educativos. Basado en Nairobi, el agregador Ekitabu abastece de libros electrónicos a 650 escuelas de África oriental. La compañía deriva su nombre de la palabra “Kitabu” –que significa “libro” en idioma swahili– y en tan sólo 4 años ha logrado conformar un catálogo de 500.000 títulos en formato PDF e EPUB, provistos por más de 40 editoriales, tanto locales como internacionales.

E-limu, por su parte, es otra compañía keniata que vende contenidos pensados para los alumnos de escuelas primarias. Los materiales se distribuyen a través de una aplicación diseñada para dispositivos Android. En sus comienzos, E-limu entregaba los materiales precargados en tabletas, a fin de sortear la falta de conectividad. Sin embargo, la propuesta dejaba dos problemas sin respuesta: 1) ¿cómo harían para actualizar los contenidos? y 2) ¿cómo asegurarían la durabilidad de los dispositivos? Para enfrentar estos desafíos, E-limu ha recurrido a BRCK: este emprendimiento –surgido como tantos otros de la incubadora local iHub– fabrica una tableta ultrarresistente llamada Kio y router WiFi que capta señales de celulares y que resulta ideal para ofrecer conectividad en zonas que carecen de acceso a Internet fija, incluso en ausencia de electricidad.

También podemos mencionar aquí el caso de QuickDo-BookBox, un servicio concebido en 2011 por el ingeniero informático camerunés –radicado en Francia– Dominique Buendé, para “convertir y distribuir contenidos en países del Sur”, en particular en universidades, bibliotecas y centros culturales. QuickDo-BookBox ofrece terminales dotadas de 500.000 libros electrónicos de diversas editoriales, que pueden descargarse desde tabletas concebidas ad hoc. El proyecto resultó ganador del premio Orange al emprendedor social africano (2013) y del premio al emprendedor africano en Francia (2014).

También lanzado en 2011, Snapplify constituye uno de los principales agregadores digitales del continente. Con oficinas en Durbanville, Londres y Nueva York, esta empresa distribuye los libros electrónicos de más de 250 editoriales y los integra en su plataforma de educación virtual. En 2014, Snapplify presentó la SnappBox, un dispositivo que permite a los estudiantes acceder a los contenidos electrónicos a través de una intranet, en vez de hacerlo por Internet.

Agregadores generalistas y tiendas por suscripción

Además de emprendimientos tecnológicos que distribuyen contenidos educativos, existen diversos agregadores generalistas y plataformas que proponen un catálogo de ebooks por suscripción. Lanzado en 2014 por Algérie Télécom, el sitio Fimaktabati ofrece libros digitales de cientos de editoriales. El acceso a sus dos portales –académico y generalista– cuesta 22 dólares por año y puede abonarse a través de cartas prepagas. Además, la empresa impulsó la creación de Nooonbooks, una tienda exclusivamente enfocada a textos en árabe, con más de 30.000 títulos de ciencias exactas, administración, ciencias humanas, derecho y cultura general.

Fundado por la emprendedora nigeriana –residente en Reino Unido– Gersy Ifeanyi Ejimofo también en 2014, el proyecto Digitalback Books propone diversos títulos de literatura africana con un costo de suscripción mensual de 13 dólares. Las obras pueden leerse desde dispositivos móviles, tanto Android como iOS.

El projecto egipcio Kotobarabia ha sido uno de los primeros agregadores de libros electrónicos en árabe del mundo. Desde 2005, lleva digitalizadas millones de páginas y tiene como principales clientes a las bibliotecas de EEUU y Europa.

Kotobi, por su parte, es otra plataforma basada en Egipto. Lanzado por Vodafone en 2014, esta librería digital comercializa títulos en EPUB y apunta principalmente a los dispositivos móviles. Una de las ventajas de Kotobi es que los pagos no sólo se efectúan por tarjeta de crédito, sino también por la factura del teléfono e incluso por SMS. Así, no es casual que la plataforma haya crecido considerablemente: su aplicación para Android ha sido descargada más de 500.000 veces, por usuarios que han consumido más de 1 millón de libros. En una línea similar a lo que señalábamos respecto del comercio electrónico africano, para Alaa Zaher –responsable del área de Estrategia e Innovación de Vodafone y promotor del proyecto Kotobi–, las limitaciones de la distribución física pueden transformarse en una gran oportunidad para la venta digital:

“Los lectores que residen fuera de las grandes ciudades siempre se quejan de la falta de librerías. Quieren leer, pero no encuentran libros. De modo que vienen a la Feria del Libro de El Cairo una vez al año y regresan a sus pueblos con bolsas llenas de ejemplares. Ese es el segmento al que apuntamos. Nuestro objetivo de largo plazo es proveer de libros digitales a todo el mundo árabe.”

En la próxima entrega: las editoriales africanas en la era digital; los audiolibros: un formato en ascenso; la auto-edición y la impresión bajo demanda.

Octavio Kulesz
Acerca del autor
Octavio Kulesz es Licenciado en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. En 2007, creó la editorial Teseo, especializada en publicaciones académicas en formato ebook e impreso bajo demanda. Es el autor del informe “La edición digital en los países en desarrollo” (2011), auspiciado por la Fundación Prince Claus y la Alianza Internacional de Editores Independientes.

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